"Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto" Ro. 12:2 (BLA)

2 de junio de 2011

Busco un Corazón Valiente

¿Por qué Dios se refiere al Rey David como un hombre conforme al corazón de Dios? (Hechos 13:22). El fue quien desde sus poemas musicales; los salmos, nos habló de los conflictos profundos de su corazón. Aquel cuyos actos morales dejaron mucho que decir y que finalmente llevaron a Dios a tener que enviarle un mensajero de buena conciencia para que pudiese arrepentirse de su adulterio y asesinato.
Entonces ¿de que buen corazón estamos hablando? Lo que se vislumbra de su llamado y de su carácter es que esta descripción no tanto se refiere a que tan perfecto era el corazón de él, sino a la inquebrantable misericordia que Dios tendría con él y como cumpliría su voluntad en el destino de él. Y como finalmente David cumplió la voluntad de Dios e hizo lo que Dios quiso. Tuvo disposición a arrepentirse, a reconocer, y aún a cambiar su conducta; a buscar a Dios en los momentos más oscuros de su vida y a rendirse completamente a Dios. Otra cosa notable del corazón de David es que fue honesto con su propia realidad y sus necesidades. No aseguró maquillar su propia biografía como Rey notable y poderoso. Se mostró tal y como era y sus historias de vergüenza están en la palabra de Dios como testimonio para nuestra propia edificación. No tuvo la familia perfecta e hijos irreprochables. Tampoco la mejor calificación en ética y moralidad. Sin embargo al ver sus bellos cantos uno nota que así como Dios conoció su corazón, él también conoció bien el corazón de su Padre celestial. Es lindo ver como pudo confesar y recibir el perdón con total honestidad. Esta infinita paciencia de Dios es esperanzadora.
Aunque tal vez lo lamentemos la realidad es que resulta demasiado fácil mentir y engañarnos a nosotros mismos diciendo que todo está bien. No es fácil nombrar los pecados por su verdadero nombre. Nuestra oraciones son como repeticiones religiosas que hablan de pecados genéricos. Nuestra tendencia es a justificarnos con miles de excusas y subterfugios morales y éticos. Es que……nos es muy común. A veces enmascaramos tanto nuestros verdaderos motivos que usamos la Palabra del Dios viviente para tapar nuestro egocentrismo y nuestras falsas intenciones.
Me avergüenzo de todas las veces que he llamado las cosas por el nombre que no es y las ocasiones en que he simulado cualquier aspecto de la verdad, para quedar bien. He preferido evadir el conflicto muchas veces y no decir todo lo que pienso, porque tengo temor a mis propios sentimientos y reacciones. En vez de eso me alejo, oro en silencio y pienso de una forma bien “religiosa”: no importa, yo no puedo juzgar a mis hermanos. Pero no lo enfrento, me alejo y me desilusiono. Esto ha implicado que he distorsionado el mandamiento de ser “pacificadora”, a costa de la verdad.
Todo este año no he podido dejar de pensar en la primera oración que Dios puso en mi corazón en Filipenses 1:10 “…a fín de que seas sinceros e irreprensibles para el día de Cristo” Fingir suena horrible, eso es de los hipócritas y se supone que los fariseos no van al cielo. Así que no dejo de sentir temor por mis propias falsedades. Esta oración puso en crisis algunas de mis relaciones porque tuve que evaluar con sinceridad mis sentimientos y malestares. Estoy en el proceso de entender la dimensión de esta oración de Pablo que me da ejemplo de amor sincero.
Por otro lado tuve que reconocer que el fingimiento de otros ha dolido mucho también y esto ha ayudado a evaluar mis propios auto-engaños y pecados. Mi lucha es por lo auténtico no solo en los demás, sino en mi propio corazón. Mi desconfianza en mis propios motivos ha crecido. No se si eso sea bueno o malo. Lo único bueno de este sufrimiento es que deseo que mi fe sea genuina y veraz. Espero que la gracia de Dios sobre mi sea suficiente para cubrir esta horrible desnudez de mi corazón torcido e incapaz de amar con justicia por sí mismo.
Quiero ser verdadera, dejar de simular. Ser valiente para reconocer mis errores e inconsistencias y poder hablar abiertamente de mis propias necesidades. No es fácil hacerlo porque la verdad no he encontrado muchos oídos dispuestos a escuchar mis propias confesiones. No necesariamente por que no quieran (eso no lo sé) sino porque andamos tan rápido, a un ritmo tan alocado y con tanto que hacer que queda difícil que los corazones se encuentren. Supongo que habrá también otros motivos un poco más malucos, pero eso no lo puedo controlar. Sin embargo puedo decir que lidiar con el sufrimiento de mi corazón, en esta búsqueda de verdad, ha requerido fe verdadera en la gracia de Dios. Y eso es bueno.
No me es fácil reconocer que hay momentos en que me confundo y mi esperanza desmaya. Bueno es Dios que me rescata de esos momentos tenebrosos y alumbra mis tinieblas (Salmo 18:28). También me cuesta poner el verdadero nombre a mis pecados y reconocer que he hecho cosas que me avergüenzan. Ha sido difícil reconocer que tan cansada estoy de luchar y que a veces mi fe desmaya. ¡Sigue adelante! Me ha dicho mi Padre celestial. Gracias por tu voz misericordiosa Señor.
Me atrevo a decir que nuestras almas sufren con todo esto de manera constante, pero tenemos muchos distractores. Algunos son que parecen “muy buenos”. Lo que sí s cierto que nos mantienen la conciencia ocupada y nos evita entrar a las dimensiones del verdadero arrepentimiento, que suelen ser muy dolorosas. Resulta más conveniente jugar a ser mejor personas de lo que somos.
Busco personas que digan la verdad de quienes realmente son y lo que verdaderamente quieren. Aun como terapeuta me encuentro arando en el desierto cuando mis clientes no logran llegar al fondo, porque finalmente hacen como se diría vulgarmente “lo que ya querían” en su corazón, como para decirlo de una manera elegante. En esos casos ayudarles resulta una tarea casi imposible.
Quiero libertad y anhelo lucho por que lo corazones de otros también sean libres. Mi propia tarea es buscarme a mi misma, pero en el Amado: el varón lleno de gracia y de verdad. La única fuente de luz verdadera. Dice Juan en su primer capítulo que los hombres no vinieron a la luz, porque amaron más la tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Cada uno tendrá que saber que tan cerca está de la luz.
Me ha costado recuperar la esperanza después de enfrentarme con las mentiras y engaños de otros, y los míos propios. Siempre soñé con el poder de la verdad y la justicia, pero no es fácil mantenerse firme esperando que éstas se besen para que haya paz. Es el sueño de los profetas de Dios. Muchas veces he llorado cuando esta esperanza se me ha ido como agua entre los dedos. Solo la utopía del Reino de Dios me ha sostenido en esos momentos dolorosos.
Todavía tengo una inmensa tarea: buscar lo más genuino de mi. Ando como de luto, como una viuda que se lamenta por el amado que ha perdido. Creo que Dios todavía está esperando mis confesiones más genuinas. Aún espera que confíe más en él y le diga la verdad de mis sentimientos; que le entregue todos mis derechos de privacidad y señorío de mis propias cosas, sueños, ministerios, y demás. Pues él es el único Señor.
Aunque duela apostarle a la verdad, porque no veamos pronto la justicia, Dios ama la verdad en lo íntimo (Salmo 51:6) Su fruto de justicia, será para su hijos. Anhelo esos frutos de justicia en mi.
Espero que a ustedes que me acompañan en la búsqueda de la integridad y de la honestidad de sus corazones. Que pronto busquen confesar las cosas que no han dicho. Que puedan ser sinceros con su luchas y temores. Que Dios les de el regalo de acercarse sin miedo luz al manantial de su gracia. Espero que puedan enfrentar sus propios dolores y temores más profundos. Que puedan parar de simular, de evitar, de tapar y enmascarar. No vale la pena, solo nos hace gente muy ocupada; que funciona y ocupa a los demás en tareas útiles; que normalmente son muy deseables pero nos aleja del amor fraternal verdadero, que puede ocultar nuestros más egoístas deseos y aspiraciones. Aprovecho para pedir perdón sincero a todos aquellos que ha sido víctimas de esos patrones en mi propia vida.
Quiero contar con amigos sinceros que me digan la verdad y me ayudan a crecer. Que ustedes también cuenten con personas que sean capaces de amarles sin condiciones y sin reparos, pero con honestidad. Que no sean complacientes por temor a perder relaciones. Esto implicará perdonar y ser perdonado muchas más veces de la que uno quisiera.
Estamos aprendiendo en estos días sobre el sufrimiento. Se supone que en el fin de los tiempos, habrá un atentado contra el amor de los escogidos, de modo que se enfriará (Mateo 24:12). Mi deseo es que nos recuperemos por el bien de todos y para la gloria de nuestro Amado. Aquel que siempre procede con rectitud y que humilla a los altivos (Salmo 138)
Con amor fraterno, en el amado. Un amor todavía muy imperfecto.

Les dejo con un oración del amado Rey David

“Los errores, ¿quién los entenderá? Líbrame de los que me son ocultos. Detén asimismo á tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí: Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” Salmo 12-14- RV rev.
Carmen Gallego